Guareña, 26 de febrero de 2024
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La iglesia de Santa María es el edificio más emblemático y conocido dentro y fuera de nuestro pueblo. Se levanta majestuosa en la parte más alta y antigua de la villa. Destacan sus grandes proporciones por encima de todo el caserío y es perfectamente visible desde cualquier punto de entrada a la población. Se cree que esta desmesura obedece a los deseos de grandeza y de espiritualidad del poder eclesiástico de la época. El edificio ocupa una superficie de 2.211m, incluido el atrio. De planta rectangular; anexiona en un lado la sacristía y en el otro arranca la torre con sus 5 cuerpos, donde la iglesia alcanza una altura máxima de 32 m.

Este bellísimo templo fue declarado BIC en 1990.

Observada desde el exterior, nos resulta sobria y grandiosa. Los materiales empleados en su construcción son la sillería de granito, marcada en los contrafuertes y la mampostería. El estilo predominante es el renacentista, con reminiscencias del Gótico tardío y algunos motivos platerescos: figuras humanas, animales fantásticos o las hojas de acanto planas que vemos en el reborde de los magníficos ventanales; éstos dotados de parteluz y con esquema de ojo de buey y junto al óculo del coro son la fuente de iluminación natural que contribuyen al recogimiento espiritual en el interior del edificio.

Comienza su construcción en 1557, siendo obispo de la diócesis de Plasencia don Gutiérrez Vargas de Carvajal y será el 10 de marzo, cuando el maestro de cantería Sancho de Cabrera inicia la traza y hace acopio de materiales y obreros de todos los pueblos colindantes.

Dos años mas tarde y tras una serie de desavenencias entre el maestro, los oficiales y el concejo local, se solicita al cabildo de Plasencia la revisión de la obra y será en diciembre de 1559 cuando intervenga por primera vez Rodrigo Gil de Hontañón y prosiga con nueva traza y reformas. Su actuación fue decisiva y nos dejará firme impronta de su estilo y conocimientos. Este gran arquitecto morirá en 1577 quedando suspendida la construcción hasta que en 1580 el maestro Herrera dictamina de nuevo sobre las obras que no terminarán hasta 1700 con el recrecimiento final de los dos cuerpos y cúpula de la torre, como consta grabado en una de las ventanas de la misma.

Ya en su interior llama nuestra atención la amplitud (50x16m) de esta nave central al estilo Reyes Católicos del S.XV como iglesias-salón, con columnas adosadas de orden jónico y disposición de las capillas a ambos lados con ábside semicircular de 8 metros de radio. A los pies de la iglesia se encuentra en coro alto sobre el gran arco escarzano de 15 m de ancho. El pavimento es de mármol blanco y negro formando labor geométrica.

Alzando la vista vemos la variedad de cubiertas con casetones renacentistas en el ábside, bóvedas apuntadas en las capillas y magnifica crucería gótica con terceletes que forman figura de estrella en las naves. Los nervios parten de los capitales jónicos de las columnas de soporte y en sus claves aparecen varios escudos que reflejan también la importancia de la heráldica eclesiástica. En la ornamentación del templo destacamos su retablo mayor que fue diseñado por Diego López Cabrera y realizado en los talleres de Sarriá desde 1945-49 y decorado con las 12 imágenes en lienzo de los 12 apóstoles que pintó Juan Palencia Cortés, vecinos los dos de Guareña. Sucede esto tras haber sido destruido casi por completo el anterior retablo del S.XVII a comienzos de la Guerra Civil española.

Fue una etapa convulsa y aunque se perdieron muchos objetos de valor de los que disponía la Iglesia se consiguieron salvar los más valiosos para poder disfrutar actualmente de un valioso ajuar donde destacamos bellísima custodia barroca traída desde Lima (Perú).

Alguna de las imágenes más veneradas como el Cristo de Las Aguas, actual patrón de Guareña consiguieron salvarse fortuitamente y presiden hoy junto al resto de imaginería como La Piedad o la Dolorosa este templo sagrado.

Pero nos tenemos que remontar hasta abril del 1900 para conocer el desastre más desafortunado de su historia, cuando se desplomó la bóveda del coro, arrastrando parte del tejado y ocasionando numerosos destrozos en el templo. No será hasta 1917 cuando el templo vuelva de nuevo a ser consagrado, con la ayuda ofrecida por todo el pueblo.

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